Polarización. Es un concepto conocido en física y también aplicable en política y las ciencias sociales. En cuanto al contexto social del término, se puede decir que una sociedad se ha polarizado cuando la mayoría de sus ciudadanos ha concertado acuerdos tácitos o expresos con un grupo social (puede ser un partido político o movimiento social, por supuesto) o sus representantes, en cuanto a las ideas aceptadas en materia social.
Casi siempre tiene como telón de fondo la vieja lucha de clases, que parece no terminar nunca. Para bien o para mal. Y en el marco de la polarización social, a todos se los quiere obligar a tomar partido. La neutralidad, bajo este contexto, es para los “polarizados” un sinònimo de ignorancia supina o de olímpica indiferencia. Hay más tolerancia para los opositores que hacia quienes se manifiestan no a favor, ni en contra, sino todo lo contrario.
Por aqui hemos visto los efectos de ese empeño – tan humano – en atacar con palos y piedras a quienes no se apegan religiosamente al dogma que pretende establecer el oficialismo y también la oposición. Pareciera que no se puede uno tomar la molestia de analizar en frío los hechos, sino que hay que atacar sin piedad y arroparse bajo la bandera de un Correa, un Nebot o un Vera.
¿Y dónde queda el espacio para ser uno mismo? Seguramente allí donde está nuestro derecho (y obligación) de pensar, crear y generar ideas que cambien al mundo. Es que si no eres Correísta, debes ser Nebotista. Y Verista por antonomasia. Pues, yo elijo ser yo mismo, pensar por mi mismo y si es posible, generar en los demás la tendencia a optar por ser libres, al menos de pensamiento. ¿Qué hacer entonces frente a lo que dice Correa, o lo que dice Vera o Nebot?
En ese punto, y disculpen mi francés, pero ¿porqué no se van a la mismísima mierda, Correa, Nebot, Vera y todos los vividores de siempre? ¿Porqué no adoptamos una mejor estrategia, proponiéndola para empezar en cuanto a nuestro entorno? ¿Hasta cuándo empezamos a ver las soluciones por nuestra cuenta? ¿Cuántos Gobiernos más hacen falta para aterrizar y dejar las ensoñaciones mesiánicas que tanto daño nos hacen?
Apuesto mi cuello a que si Vera llega a Presidente las cosas seguirán casi iguales que si los fuera Nebot, o que incluso si siguiera Correa. En el Gobierno de uno quizá habría un poco menos de “inversión social”, en el del otro algo más de obra pública. Pero, al fin de cuentas, saldríamos de cada uno de ellos, igual o peor que como empezamos.
¿Porqué?
Porque el mecanismo para llegar al poder no ha cambiado. TODOS los Gobiernos que se han dado sucesivamente en este periodo (¡Ja!) democrático han seguido una misma política de Estado. Clientelismo, Corporativismo, Populismo y endeudamiento masivo.
Y eso que ya no tenemos moneda propia. De lo contrario, se financiarían los proyectos sociales (alias, costo de salarios de la burocracia) con base en las conocidas devaluaciones, en estilo “mini” – como bajo el regimen de Borja – o en paquetazos, como en el Gobierno de Durán-Ballén.
Impuestos. A la orden del día en todos los Gobiernos. Sobre todo desde que las devaluaciones terminaron. Todos los Gobiernos anteriores, el actual y ténganlo por seguro que todos los que vendrán, todos, van a subir impuestos. Claro que algunos se los van a cargar al Estado Llano, y otros a los empresarios. Finalmente, el que tiene que almorzar una lata de atún gravada con el IVA (y sabrá Dios que otros costos), es el que termina financiando la movilización en avión de tanto y cuanto asesor que no sirve para maldita sea la cosa. Y los sueldos de tanto fulanito que vegeta en la función pública y no genera ingresos para el país.
¿Y todo esto porqué? Por nuestra pobre actitud, porque aqui sigue ganando el que promete más – disculpen nuevamente mi francés – pendejadas, el que dice que va a habilitar una nueva vía férrea para el país, a sabiendas que no lo va a poder hacer. El que promete construir cien mil viviendas al año, cuando se dispone a pelear con los prestamistas y empresarios. Aqui gana el “fast-talker”, el de la sonrisa bonita, el de las siete armonías. ¿Cuántos conocían los planes de Gobierno de Bucaram, Mahauad, Gutiérrez y Correa? ¿Cuántos de los que votaron por Correa en las ùltimas elecciones lo hicieron bajo un criterio informado, y no porque le creyeron todo lo dicho en las cadenas sabatinas?
Hay y seguirán habiendo muchos vividores de la política. Incluso si cambiamos la mentalidad, si accedemos a la información que está allí para todos, aún así, esas víboras sanguijuelas y parias seguirán existiendo. Pero, cada día tendrán menos ignorancia de la que alimentarse. Y el facilismo y el clientelismo estarán en proceso de extinción, así como la estúpida tendencia a pensar que el Gobierno nos tiene que sacar adelante, cuando lo mejor que puede hacer es dejar la vía libre para que todos podamos meter el hombro y encontrar el progreso.