Lo bueno, lo malo y lo feo de la provincializacion de Santa Elena
Hace unos días el pueblo de Santa Elena consiguió hacer realidad uno de sus anhelos: ser provincia. Mucho se ha dicho y se hecho al respecto, y da mucho, muchísimo que pensar.
Lo bueno
Siempre va a ser mejor para cualquier colectividad el poder administrar de forma autónoma los recursos que genera.
El rápido gestionar del Congreso, que hace pensar que debiera idearse un mecanismo - en la Asamblea, quizás - que logre mantener presionados a los legisladores de forma permanente. Parece que la perspectiva de perder rápidamente el cargo hace milagros.
Lo malo
La ola de protestas iracundas no fue secundada de la respectiva planificación PREVIA. Una vez más hemos hecho las cosas “a la ecuatoriana”. Es decir, de forma apurada, desordenada y en general, CAOTICA. No se planificó una transición y mucho menos se logró un acuerdo de buena voluntad con la Prefectura del Guayas. Lo peor es que ya está hecho y va a costar más esfuerzo organizarse.
Hay algunos personajes de la Provincialización, cuya reputación es por lo menos dudosa. Esperamos que los peninsulares sepan distinguir entre quiénes les convienen y quiénes sólo han hecho olas para pescar a río revuelto. O a mar revuelto, valga la analogía.
El bloqueo de la carretera fue una medida desacertada. Después de todo, perjudicó a los habitantes de Santa Elena, La Libertad, Salinas y los demás balnearios.
Que los peninsulares piensen que están logrando algo como la emancipación y que los “guayacos” piensen que el propósito fue causar la división del Guayas. Ni lo uno, ni lo otro. Simplemente, hace mucho tiempo los peninsulares ya no se sentían parte del Guayas y se formó una nueva provincia. Fin de la historia, seguimos todos en Ecuador, nadie nos va a pedir pasaporte para llegar a Salinas.
Lo feo
Se hizo uso de parte y parte, de los resentimientos para agitar el ambiente político y precipitar las circunstancias. Los guayaquileños tuvimos que ver la afrenta de unos ecuatorianos limpiándose y quemando la bandera de Guayaquil. Como si se tratara de dejar aflorar el odio. Da pena ver como - desgraciadamente - como lo indiqué en otro artículo, el tiempo me dió la razón y fue el odio, y no la racionalidad lo que se convirtió en el combustible de la provincialización.
El abuso del término de pelucones, para los turistas guayaquileños. Eso es un insulto para los cientos de miles de guayaquileños que habitan en barrios marginales y que en todos los feriados, hacen un esfuerzo económico para visitar las playas de la Península.
El sentimiento que se está creando en contra de la nueva Provincia en la ciudad de Guayaquil. A ello se están prestando algunos elementos de los medios y hasta las autoridades provinciales y cantonales. Es absurdo que los guayaquileños expresen su revanchismo al decir que nunca más van a ir a Salinas y que para eso tenemos a Playas. Hasta donde recuerdo siempre hemos tenido a Playas.
La actitud de las autoridades de Guayas. La CTG, retirando semáforos, los funcionarios del Municipio de Guayaquil promoviendo el boicot al turismo de Salinas. Aunque el Ab. Nebot no se ha manifestado negativamente, por suerte.
La actitud del guayaquileño en general, que ha aumentado el uso del choleo. Ahora son los cholos aqui, los cholos más allá.
Algunas reflexiones
Personalmente, creo que los peninsulares tienen el derecho a optar por una administración autonómica. No solo provincialización como tal, sino también a poder administrar sus recursos y solucionar sus problemas, en desmedro del Gobierno Centralista. No tiene nada de malo, incluso es preferible que puedan desarrollar sus proyectos sin depender de una sede administrativa en la ciudad más poblada del Ecuador, que puede provocar que se enfoque la mayor parte del esfuerzo por parte de la Prefectura y Gobernación del Guayas en atender los requerimientos de Guayaquil.
El cierre de carretera fue una soberana tontería. Lo que provocó fue la molestia del pueblo guayaquileño, pero al costo de la afectación de los intereses económicos de los habitantes de Santa Elena, Salinas, La Libertad, Montañita y demás balnearios. Casi les cuesta un revés, por sentirse perjudicados los peninsulares que dependen del turismo para subsistir.
Las actitudes asumidas por los guayaquileños promedio, a mi humilde parecer lucen como mínimo infantiles. Lo siento mucho, conciudadanos, pero no puedo estar de acuerdo con eso de que Playas va a reemplazar a Salinas, no vayamos más a Salinas, y peor con las expresiones que incluyen “los cholos hijos de tal por cual“. Esos cholos son tan ecuatorianos como cualquiera, y no merecen ese tipo de trato. Los que vejaron a Guayaquil y cometieron actos abominables son una minoría de estúpidos. Les aseguro que los peninsulares promedio se van a sentir igualmente gustosos de que los guayaquileños sigamos visitando sus playas.
No es aceptable que los grupos que luchan por la autonomía del Guayas, CON LA CUAL NO PODRIA ESTAR MAS DE ACUERDO, se hayan opuesto tan ferréamente a la provincialización de Santa Elena. Pregunto: si es bueno para los Guayacenses o los guayaquileños el poder administrar de forma autónoma los recursos de la provincia o de la ciudad, porque sería malo para los Peninsulares el poder convertirse en una provincia, siguiendo la misma lógica bajo la cual los conglomerados tienen el derecho a poder administrar sus recursos y decidir su camino al progreso.
¿Porqué será bueno para Guayaquil/Guayas y no lo va a ser para la Península?
Ahora que ya son una nueva provincia y que seguramente enfrentarán por si mismos los retos. En el caso de la autonomía del Guayas se trata de vencer los defectos del modelo centralista, ¿pero acaso la Península no se habrá sentido afectada por una especie de centralismo situado en Guayaquil? Hay que aceptar que las necesidades de Santa Elena en el contexto pretérito pudieron haber sido fácilmente eclipsadas por las de Guayaquil. Y no porqué la Prefectura o Gobernación no hayan hecho nada por favorecer el desarrollo de Santa Elena, sino por el mismo hecho de tener a varias decenas - o centenas - de miles de peninsulares a merced de las decisiones tomadas a - más o menos - ciento cuarenta kilómetros de sus centros poblados. Es una representación a escala de lo que siente el guayaquileño frente al centralismo, aunque pudiera ser no del todo exacta.
Lo dicho no exonera de responsabilidades a algunos Alcaldes Peninsulares que han aúllado por la Provincialización, pero carecen de otro talento que no sea el de bailar el buen son del clientelismo político.
Gran parte de la situación que incomoda a los peninsulares es responsabilidad de los peninsulares y no del Guayas o de Guayaquil.
Tampoco está bien que los peninsulares le echen “el muerto” de todos sus problemas a la Prefectura Provincial o a la Gobernación del Guayas. Si insisten en ver las cosas de esa manera, caerán en otro vicio ecuatoriano - la negación - y pronto se darán cuenta que sus dirigentes tan heroicos los van a mantener en la misma situación. Quizás, peor.
La amenaza de la Comisión de Tránsito del Guayas de retirar todos los semáforos, podría ser ilegal, o como mínimo podría ser inmoral. Analicemos. Cuando Santa Elena era parte de la Provincia del Guayas, también generaba ingresos fiscales a todo nivel. Parte de los recursos que obtuvo la CTG eran originados en u obtenidos a causa de los habitantes de los cantones hoy provincializados. Entonces, se puede decir que parte de esos ingresos fiscales - si no la totalidad - sirvieron para adquirir los semáforos. También sería injusto “clavarles” toda la deuda por la construcción de carreteras. Hay que hacer una distribución justa, después de todo el ingreso por peaje fue a la administración provincial del Guayas. Y también hubo beneficios - que pueden ser calculados - para otras partes de la provincia.
Playas es un balneario con muchísimo potencial para el desarrollo turístico. Su ubicación lo hace ideal para captar el turismo proveniente de Guayaquil, que es bastante considerable. El hecho de que exista la intención de convertirlo en balneario de primer nivel es positivo, porque originaría la competencia entre Playas y Salinas. Pero, la competencia debe ser justa. Si se acompaña de una campaña de boicot, apelando al resentimiento de Guayaquil, no es precisamente adecuada. Hay muchos intereses de guayaquileños en Salinas, Santa Elena, La Libertad como para darnos el lujo de perjudicar innecesariamente a la nueva provincia de Santa Elena.
El odio no es un buen consejero. El resentimiento tampoco. Es natural que se presente una reacción si se reduce la extensión de la Provincia, pero no hay que llegar al extremo de pretender provocar daño a otras personas, otras ciudades u otras provincias.
Pronto expondré algunas ideas con respecto al uso inmoral de los sentimientos de fobia, revanchismo y odio del que usufructan algunos políticos de todas las tiendas.
ECUADOR SIGUE SIENDO UNO SOLO
Enlaces: Decreto de Provincialización de Santa Elena.
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