He recibido críticas con mayor frecuencia en los últimos días. Provienen de las personas que creen que debería orientar a los lectores hacia una decisión u otra con respecto al tema de la nueva Constitución. En cierto sentido, ese cuestionamiento sería válido si acaso se considerara este espacio como algo más allá de una bitácora, que siempre ha pretendido estimular el pensamiento crítico, más no el orientar las decisiones que cada uno debe tomar con base en sus propios juicios de valor, razonamientos e intuiciones.
NO. No considero necesario el publicar mi decisión con respecto a la aceptación o rechazo del nuevo proyecto de Constitución. Y no es cobardía – como un amable lector sugirió en una corta misiva tan llena de epítetos como Cambodya de minas antipersonales – se trata más bien de un esfuerzo terco de intentar que los demás tomen sus decisiones por si mismos y eviten copiar las de los que consideran sus “líderes”.
¿Es díficil de comprender el hecho simple de que en la acción de pensar y tomar decisiones razonadas está el primer paso para que la democracia funcione a un nivel aceptable? ¿Hasta cuándo vamos a formar parte del rebaño, esperando con desazón el próximo momento del trasquile? Se que es díficil en muchas ocasiones el llegar a una decisión informada, pero hoy lo es mucho menos complicado que en la era Pre-Sociedad de la Información.
No me vengan con cuentos, excusándose en que la gente pobre no tiene acceso al Internet, que no tienen ni para comer y toda suerte de excusas risibles. Sí, es cierto, tenemos un nivel de pobreza y miseria inaceptables; pero, en todo caso, tú, el que puede leer estas líneas desde un cyber café, la comodidad de su hogar o incluso en el computador de la oficina: ¿tienes excusa para no informarte adecuadamente?
En el artículo anterior le recomendaba a los lectores que lean la Constitución, que la comparen y luego investiguen un poco para saber si conviene o no. Es verdad, son muchos artículos, hay cosas que dan risa en la Constitución, pero no son tantos como para abortar el proceso de leerla. Y es que no se trata de memorizar el texto para repetirlo cual cotorra – como lamentablemente observo en algunos personajes que salen en la caja boba, a.k.a. televisión nacional.
Este artículo se llama Ecuador en Su Punto Máximo. Faltó colocar que estamos en el punto máximo de la desidia y el quemeimportismo. Aunque sobrara decirlo, estamos en el punto máximo de inseguridad, tan o más inestables que hace una década, hablando de botar Presidentes con la misma facilidad que se vota por ellos.
Las palabras me quedan cortas para expresar que estamos en el cénit de la ignorancia colectiva, y lo que es peor aún, estamos orgullosos de ello. Por allí leí – con algo de desesperación – de alguien que consideraba que no era importante leer la Constitución, porque igual iba a votar por el No. ¡Cuánta ignorancia que cuanto atrevimiento desborda la cámara de nuestra soberbia! ¿Qué futuro podemos esperar si construimos el presente de decisiones tomadas con base en rencillas, sentimientos encontrados y una moral desesperantemente obtusa?
Estamos en el extremo inaceptable del facilismo y el clientelismo; vicios fomentados por los también facilistas regímenes que hacían de la campaña un concurso de las mejores promesas incumplibles. Tantos años de populismo y sequía de acciones de progreso han cincelado el inconciente colectivo que ahora confía y exige la solución a sus problemas de vivienda, educación, alimentación, salud y empleo a extraños, cuando es puertas adentro donde debe nacer la inspiración y el trabajo tesonero y creativo que los saque de la pobreza.
Vivimos un estado de máximo frenesí político, embadurnado de populismo – versión chola – en donde la pasión ciega la razón y se apodera de la voluntad de las masas de uno u otro signo. Es una especie de concurso de todo vale, donde efectivamente todo vale v…. porque aqui hablan todos y todo se vale, sea verdad o sea mentira. No importa la fuente, hoy puede ser la Iglesia, mañana son los movimientos “sociales”, de lo contrario, los Nebotistas – no offense intended, o los Correístas – no pun intended, los alcaldes de municipios, los transportistas y hasta la perra de mi vecina (NO PUN INTENDED) puede ladrar y decir que está bien votar por el SI o por el NO, sólo porque SI o porque NO, porque le nació de las almorranas el decir SI o NO.
¡Joder! ¿Dónde hemos dejado el sentido crítico? ¿Porqué le creemos ciegamente a un Alcalde que dice que la Constitución va a paralizar la obra del Municipio de Guayaquil? ¿Porqué no cuestionamos cuando Correa nos dice que esta Constitución es un paso adelante para dejar el pasado atrás? ¿Porqué permitimos que ese mamotreto de chantaje influencie nuestra decisión, porqué, por el amor del buen Dios dejamos que esa propaganda cale en nuestros cerebros? Pero, a los votantes parece importarles más el asentir o negar de acuerdo con los designios de su “Líder”. Y hay hasta quienes dirán que lo indicado por Nebot o Correa es razón suficiente para decidir por el SI o por el NO.
¿En serio? ¿Porqué los dos no explican su postura de la única manera que en realidad importa, con cifras y en blanco y negro? Oh, claro, el pueblo no los entendería, seguramente pensarían. Nuevamente: ¿En serio? ¿Será tan díficil resumir un plan de desarrollo sea nacional o municipal e indicar en que afecta positivamente o negativamente la aprobación o rechazo de la Nueva Constitución?
Hace unos días escuchaba la cadena de la alabanza; es decir, la cadena radial del Ec. Correa, y me quedaba sorprendido de la baja calidad analítica que tenemos. Le preguntaban acerca de la probabilidad de que el Estado despoje parte de la propiedad privada en favor de los más necesitados y el Ec. Correa respondió con una pregunta acerca de quienes habían cometido el mayor despojo de la propiedad privada en la figura del feriado bancario y congelamiento de depósitos. Y efectivamente, se trata de la misma gente que hoy propugna el voto negativo, pero. Pero, ¿qué tiene que ver eso con la verdadera respuesta? El hecho de que Juanito sea un ladrón contumaz y me acuse a mi de ser ladrón no desvirtúa automáticamente la acusación por mención de la condición de Juanito. Pero, nuestro pueblo sigue la vieja doctrina de oir pero no discernir.
Por otro lado, cuando escucho al Ab. Nebot, ya se que esperar, el mismo trillado y cansino discurso social cristiano que se resume en “Yo hago obras, yo soy el único que sabe hacer las cosas y los demás me deben respeto”. Dice el Ab. Nebot que le quitan todas las competencias al Municipio y allí sí que le doy la razón a Correa, porque la tiene. En todas las ciudades del mundo el Municipio se encarga de controlar, contratar o proveer los servicios de Agua Potable, Alcantarillado y Energía Eléctrica. Incluso hay ciudades como Medellín que tiene un consorcio llamado Empresas Públicas de Medellín que manejan eso y más (cable, teléfono, internet, etc) y debo decirlo de forma eficiente y redituable. ¿Cuál es la competencia que le quitan al Municipio? ¿El Aeropuerto? ¿El Registro Civil paralelo? ¿No le dan a cambio la soberanía sobre Energía Eléctrica, Agua Potable y Alcantarillado? ¿No es acaso material suficiente para hacer un gran trabajo y hasta obtener ingresos para el Municipio? ¿O no les resulta interesantes porque en las tuberías no se puede pintar “Otra obra de Nebot”?
Si no fuéramos una Nación en su Punto Máximo de Subdesarrollo, seguramente hubiéramos exigido explicaciones contundentes y desenmascarado al mentiroso. No me sorprendería que en lugar de una careta, fuesen dos y hasta más, pero así son las cosas en este punto máximo.