No hay democracia sin justicia

Uno de los dogmas no declarados, pero casi un corolario de la democracia es que se necesita que exista un sistema de justicia funcional y probado para que funcione un régimen de derecho. De lo contrario, todo pasa a ser un disfraz, un engendro mal llamado democracia participativa, en donde en realidad impera la Ley del Monte, en donde hasta los que deben denunciar y hacer cumplir las Leyes y la Gran Constitución se hacen de la vista gorda cuando alguno de sus intereses creados se ve comprometido.

¿A qué viene todo esto? Viene y va de lo que está sucediendo últimamente. Una pugna de poderes tan fuerte que está estremeciendo el país entero, polarizando las opiniones y generando corrientes extremistas tanto a favor como en contra del régimen.

En la derecha, se empiezan a aglutinar una serie de poderes en torno a la figura de Nebot, quizás un líder con algunas carencias, algo artificial y que no ha sido capaz de consolidar una posición en sus largos años de accionar político en los cuales pudo contar de forma intermitente con el apoyo de una plataforma partidista que en su momento detentaba poderes casi absolutos en el Ecuador.

En la izquierda, la figura de Correa se empieza a fisurar en el segmento moderado, pero está consiguiendo aún más fuerza en las filas extremistas.  Se lo empieza a ver como un líder natural, la encarnación de un proceso revolucionario largamente esperado y el apoyo hacia las decisiones y hasta las actitudes del Presidente es casi total, pese a que fueren buenas o malas, acertadas o no.

Y en el medio de este tsunami político que amenaza con reventar en nuestras costas (y en nuestras serranías también) se está arrastrando al país más profundamente a la crisis.  Las soluciones del Ejecutivo no están probando ser suficientes y su continua praxis maniqueísta está empezando a someter - al más puro estilo fascista - al Estado en un continuo de indecisiones, imprecisiones y promesas, al punto de ser la incertidumbre lo único cierto en lo que respecta al régimen.

Por otro lado, el Nebotismo no tiene la fuerza suficiente para oponer el grado mínimo de resistencia - a.k.a. oposición - a los dictados de Carondelet.  Apela - erróneamente - al sentimiento regionalista y divisionista, disfrazado de propuesta autonomica para convencer a los guayaquileños y hacerles deglutir fantasías disfrazadas de necesidades históricas.

Por ejemplo, el caso de la provincia 23.  Es un tema del cual se ha hablado tanto, pero se ha dicho tan poco.  Viéndolo del lado del Correísmo, hay que decir que no es razonable formar una nueva provincia, a la luz de lo que se pretende gestar a través de la Reforma - ¿o Revolución? - Constitucional.  Si se habla de formar agregados territoriales en la geografía política del Ecuador, me pregunto: ¿para qué diablos se está fomentando la formación de nuevas provincias, que meses más tarde dejarán de serlo, para integrarse a conglomerados regionales más grandes y con mayor autonomía?  Parece ser una estrategia del régimen para conseguir debilitar aún más el último gran reducto que le puede provocar una caída: los Asambleístas de la Provincia del Guayas.

Pero, observando desde el cristal Nebociano, hay también muchos intereses y mucho tela que cortar.  Al final, los ciudadanos de Santa Elena están en su santo derecho de ser una nueva provincia, nadie se los puede negar.  Y decir que se pretende perjudicar los intereses de Guayaquil, al dividir la provincia del Guayas, es tan absurdo que no amerita ni la más mínima discusión.  Es un disparo en contra, y a la altura de los genitales.  No se puede pelear por un proceso de autonomía para el Guayas durante casi dos décadas, alimentando la estupidez regionalista y luego darse golpes de pecho y vestir de luto, porque una subregión de la provincia haya decidido que le va a ir mejor manejando ellos mismos sus destinos.  Ese es el resultado de vestir camisetas de odio blanqueado; siembras descontento y división entre los tuyos y obtienes división en tus filas.

Y luego, ¿en donde hablamos de Justicia?  En cada letra de este artículo.  Dicen en principios jurídicos que la Justicia debe imperar incluso sobre la Ley.  En estos últimos meses se han manoseado tantos temas y de manera tan atroz, que me es díficil creer que exista algo llamado Orden Jurídico.  El Presidente arremete contra los medios y estos se quejan de la falta de Libertad de Expresión, en lugar de llamar a las cosas por su nombre.  Ahora que si se está cometiendo una violación de derechos, pretendiendo prohibir la difusión de videos que no hayan sido autorizados por el que sale en el video -¿será por los Pativideos? -los medios no saltan y reclaman como es debido, sino que se forman en coro en torno a Gloria Gallardo, que es una figura más quemada que monigote en fin de año.

El Alcalde de Guayaquil, de forma intransigente coloca casi toda la flota de vehículos municipales para impedir el paso al transporte pesado, y los guayaquileños aplauden esa acción de “bravura, coraje y decisión”.  Acaso no era más sencillo el dialogar con el Presidente y dejarle claro la posición de la Alcaldía.  Y luego de abierto el diálogo, entonces si era justificable una medida de hecho, pero si no se llegaba a un acuerdo favorable al país, porque hay que recalcar que el país no sólo es Guayaquil o Quito.

Y ahora, tenemos un Ministro censurado, cuando si hubiera Justicia, si se le aplicara por igual a todos, debería sucederle lo mismo que le ocurre a un pobre hombre cuando lo acusan de estafa, aunque fuere inocente, lo meten preso “por las dudas”.  Habría que suspenderle el cargo, detenerlo para una investigación, juzgarlo en una Corte de verdad y luego de determinada  su inocencia, entonces restituirlo.  Todo ello, de la manera más ágil y TRANSPARENTE.  Sin manoseos congresiles, sin la intervención de los testaferros del Cabildeo.

Si existiera la Justicia en nuestro país, el Presidente podría poner en su lugar al periodista Fulanito de Tal por emitir mentiras malintencionadas, pero no por medio de decreto, sino como debe ser: sometiendo el tema al sano arbitrio de un Tribunal de Justicia, como cualquier ciudadano.

Si hay algo en lo que todos merecemos igualdad, es ante la Ley y el Derecho, sólo así se puede hacer Justicia.  Eso es un principio básico de la democracia.  No sólo puede estar escrito en un papel amarillento que le llaman Constitución, que se recita como si fuera el Corán, como si el mero hecho de su existencia nos pudiera traer el bienestar que se merecen los ecuatorianos.

Sin Justicia, no hay verdadera libertad para todos, sin libertad no hay democracia.


3 comentarios:

  1. sick boy, 14. July 2007, 23:46

    clap clap clap….

    no dire mas….
    salvo que si mete juicio a un “periodista calumniador” aparte de tenerles que meter al 80% del periodismo de este pais, empieza la megaguerra del desprestigio… mira sin hacer nada estan que brincan con un espiritu de curepo solo digno de vigilantes de CTG

    Este pais no tiene justicia… y si me catalogas de extremista me vale… cualquier cambio sera para bien no podemos caer mas bajo…

     
  2. Santhros ibn Shinu, 14. July 2007, 23:58

    Como dijo una vez Tijeron, estamos en el fondo, pero aun podemos cavar.

     
  3. Professor Hoax, 16. July 2007, 7:33

    En este país no existe libertad, esa es la razón porque estamos, corroboro el comentario anterior, cavando luego de haber llegado al fondo.

    La democracia (y el derecho, la justicia y todo lo demás) es producto de la libertad y no al contrario. Entonces sin libertad, cada cual según sus cálculos lleva las cosas a su lado como mas le conviene, manejando y manipulando los sentimientos, creando regionlismos para incendiar el patrioterismo de los inconformes y de los pescadores a río revuelto, azuzando a gente ignorante para poder “cambiar” aquello que no está a mi favor (petroleras, mineras, tierras, etc).

    Mientras no haya libertad no habrá justicia, mientras no honremos lo que somos como personas no habrá quien confíe en nosotros, desafortunadamente no es fácil librarnos de estos vicios.

     

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