La Asamblea Constituyente no es nada productiva

Vaya que he querido darme el tiempo para escribir acerca del trabajo de la Asamblea constituyente, y por fin se ha dado. Desde un principio, se lanzaron las voces de alerta acerca de la mayoría aplastante y del papel casi nulo de unas minorías que ni siquiera se representan bien a si mismas. Son parte del poder en papeles, y pare de contar.

Ahora que han pasado los días ¿qué se puede decir? Que el que mucho abarca, poco aprieta, como es de lo más natural. Parafraseando al Dr. Marcos Hidalgo - especialista en Derecho Internacional y Periodista Deportiva - se puede decir: "Quién te dijo que te metas en camisa de once varas". Sólo que son más de once las varas, y no se trata de una camisa. Más bien, es una armadura que no permite entrar, ni salir la luz de la ideas. Una armadura con la visera cerrada, para evitar que se pueda ver más allá de las ideas que se pretende imponer a fuerza del más puro nazismo alemán: por la fuerza bruta de la mayoría.

Las minorías, son tan menores que no cuentan ni como intención de oposición. Da lástima ver a los miembros de oposición en la Ilustre Asamblea desgañitarse en protestas ante el Pleno, sólo para recibir la palmadita en la espalda y las gracias. Al final, no sólo que se ignora sus criterios, es peor aún, se pretende que se los ha escuchado.

Ante el panorama que vemos, en el cual la apertura económica es parte del basurero de la historia, como pareciera pretender el equipo de Demolición del Siglo XXI, las cosas se ponen mucho más difíciles, ecuatorianos. Sin duda no quiero ver a un país esclavo de los intereses norteamericanos, pero tampoco quiero verlo agonizar lento por la falta de inversión y de ideas. El estatismo - en cualquier extremo cardinal político - condena a los pueblos a pagar incómodas cuotas a largo plazo y el exceso de intromisión del Gobierno no es ventajoso para nadie. Ni siquiera para el Gobierno que pretende ejercer controles inimaginables, cuando aún la corrupción que existe no ha podido ser puesta a raya.

En la tierra del Clientelismo, el Caudillismo y el Patrioterismo comprometido, las opciones de crecimiento y progreso parece que se van acortando. La Asamblea ha tomado el poder del país, como si este se tratara de una muñeca sin cabeza que requiere que le pongan cualquier adefesio, porque sería mejor que no tener nada.

Sí, hay mucho esfuerzo de los asambleístas, pero no por trabajar más, se produce mejor, eso lo sabemos todos los que nos hemos acercado a la eficiencia como paradigma de vida.

Se ve mucha preocupación de parte de los Asambleístas por cubrir detalles absurdos y minúsculos, por empaquetar en la Constitución aquello que pertenece a los cuerpos de Ley. Al final, puede que en verdad la "solución" sea una Constitución de 30 tomos y 70000 artículos. Al menos los ecuatorianos seríamos los primeros en algo: en crear la Carta Magna más extensa y ridícula de la historia del mundo civilizado.

Y para aquellos que crean que no puedo proponer algo, el próximo post viene con algo de ello.

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1 comentario:

  1. Enrique, 14. June 2008, 15:40

    Lo que escribes es la total verdad.

    Esta frase me parece muy buena:

    El estatismo - en cualquier extremo cardinal político - condena a los pueblos a pagar incómodas cuotas a largo plazo y el exceso de intromisión del Gobierno no es ventajoso para nadie.

     

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