Gallos y gallineros

Por Carlos Vera Rodríguez

Hay gallos que solo cantan en su gallinero aunque se pasen llamando a otros muy gallitos mientras les revolotean alrededor algunos gallinazos creídos gallazos porque los rodean decenas de metralletas…

No le cantó kikiriki el Presidente al Alcalde  en la sesión solemne del 9 de octubre, más allá de asociar la expresión nebotista de que el pueblo conoce bien lo que quiere con el respaldo mayoritario a la lista 35 en la Perla del Pacífico. El resto, fueron evocaciones e invocaciones históricas sobre lo vigente de la fragua de Vulcano, alejadas del tono histérico de sus ataques a quien llamó soberbio, separatista, arrogante, prepotente, pelucón, oligarca y jamás excluyó del “software socialcristano para asaltar el Estado” ni de pretensión de erigir republiquetas.

Nada de eso, según Nebot, es personal. Penosa forma de eludir cada uno de esos calificativos y acusaciones ante miles de presentes -ya no 400 como en el acto del 25 de julio- convocados para intimidar al visitante, así expuesto a la reprobación socialcristiana. Funcionó.
El anfitrión marcó su territorio y el invitado jugó al no es conmigo. Caballeros, ¿no?  “Lo cortés no quita lo valiente”, explicó Nebot. Claro.

Las diferencias no son personales sino conceptuales e ideológicas, acotó el otro. Cierto, ¿no? ¡Qué profundos! ¡Qué maduros! Qué ejemplo de nobleza decirse sambacanuta por la espalda y no bajar a ese nivel al estar frente a frente. El Presidente ignoró esta vez las ‘diferencias’ con Nebot, mientras Nebot se esforzó por destacar las coincidencias: habló de pagar exclusivamente la deuda que debe ser pagada. ¿Socialista? Sí. Él cree en un socialismo eficiente o en un capitalismo ético. Es más: se preguntó si acaso no son lo mismo.

Y fijó certeramente la magnitud popular de su obra edilicia así como el sentido de su revolución del bienestar, sin explicar por qué a pesar de ello los beneficiados no prefirieron la 6, su lista, ni los motivos para ser reelegido con el 54% tras ganar la primera vez con más del 70% y mantener una aprobación del 90%.

Eso es lo que miles de guayaquileños y ecuatorianos esperábamos saber y entender, más allá de dos o tres genialidades (lo bueno del corazón e inteligente del cerebro no puede ser arruinado por la bilis del hígado). Que Nebot haya controlado sus debilidades hepáticas y superado la época del “ven acá para mearte” no puede llegar hasta el extremo de confundir la cortesía con hipocresía e incluso entrar en ‘ñañerías’ con quien lo denostó. Me pregunto: ¿cabe en aras de la unidad tan cacareada y la complementación tan necesaria, fungir de panas cuando cada uno ha ubicado como contrario al otro? Saludar, sí; compartir, por supuesto; coordinar, más; competir, también; departir, desde luego. Pero fingir  es demasiado.

La gran ventaja de ejercer el periodismo independiente es que no impele a sacrificar la dignidad por una primicia, una entrevista o un convite. La política lo exige “en aras del interés público”. No sé cómo se lo pueda servir sin vergüenza, sin memoria, sin altivez y sin franqueza. Tampoco quiero aprender. Ese aprendizaje corresponde a ñaños que disfrazan sus disputas de grandeza para luego esconderlas con destreza. Del respeto al miedo hay un paso. Y del miedo a la derrota, dos.


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