Exilio o migración

Hace poco me escribía un viejo amigo que por suertes de la vida ha tenido que emigrar a España.  Lleva allá no menos de 5 años, tampoco más de eso, pero a su fuero le parece que ha pasado una eternidad desde que abandonara la sala del aeropuerto.

¡Cuánta indignación!  El hombre escribía y de haber sido en papel de seguro hubiese llegado impregnado de lágrimas.  Lo que cuenta no puedo menos – que con su previo permiso – reproducirlo y permitirme el privilegio de editarlo.

Que fue Gordo!

Te escribo para que no me reclames huevadas ni me encames que soy millonario y por eso no paro bola, chucha.  Tú no tienes idea de como es la vida por acá, mi hermano.

Hace un mes me quedé sin trabajo, todo porque el dueño de la pizzería donde estaba trabajando se piteó conmigo porque una vieja de mierda -una cliente- me reclamó porque el café que le serví estaba muy caliente. Mira, no te alargo el cuento, la cosa es que la vieja hizo un escándalo por cualquier pendejada y el dueño – que es español – me reclamó porque estaba dando mal el servicio.

La plena que no era justo, así que empezamos a discutir en voz alta y el miserable ese me dijo que me fuera. Además de que no me pagó ni un centavo de los días trabajados y ni mierda la liquidación.

Pero no importa porque yo ya la plena que estaba cabreado de la situación.  Mira, allí en la pizzería el que menos ganaba era yo.  Como soy ecuatoriano y no estoy legal en el país me pagaban lo que les diera la gana!  Pactamos 700 euros, pero el muy hijueputa me daba siempre menos con el cuento de que tenía problemas, que yo no hacía las cosas como era y qué llegaba atrasado.  Pero, te juro que no es así, yo nunca llego atrasado.

Yo, la plena que ya no aguanto estar aquí.  A los ecuatorianos nos tratan como basura, ni nos miran y si nos ven es para mirarnos mal y criticar.  Estos españoles creen que todos somos Latin-King y que venimos a traer pobreza y delincuencia.

¡Hasta les parece mal que nos bañemos más de una vez al día! Es increìble, loco.  Aquí llegan los ecuatorianos en masa y hasta hay un parque en donde pasan hueveando hasta que consiguen algo.  Hay así la de cuencanos y gente de la Sierra.  De Guayaquil y la Costa somos menos, pero también hay gente.

Cuando vine acá nunca me imaginé que las cosas iban a ser así.  Trabajo como el burro y ya me han dado chapeta de algunos trabajos, de uno ni siquiera me dieron explicaciones, ni liquidación, ni nada, pana.

Si tu ves que yo le mando plata a mi mamá es con mucho esfuerzo, amigo mío.  Hay días que como una sola vez al día para poder ahorrar y poder ya largarme de esta huevada.  Si no me crees habla con XXX (borrado por el redactor, para proteger la identidad del remitente) que ya se arrechó de esto y está de nuevo en Guayaquil.  Pregúntale como es esto, loco.  Desde allá parece fàcil, pero ya que estás aqui, nadie te da la mano, no hay familia, no hay amigos, no hay nada.  Y estos españoles que se creen la divina pomada te hacen la vida dìficil como para que uno se canse y se vaya.

El otro día un cuencano que vive cerca de mi piso me contaba que los skin-head (Nota: editado por el redactor) estaban en la estación del subterráneo amenazando y jodiendo a todos los “sudacas” y la Guardia ni en broma aparecía.  Esto se está poniendo feo porque uno ya no se siente muy seguro después de que mataron al pana de la discoteca.

Por eso te digo que no creas que estoy viviendo como un bacán y que me sobra la plata, pana.  Nada que ver por el contrario plata es lo que no tengo, o ¿tú crees que si tuviera plata no me hubiera regresado a vivir como rey en Guayaquil?

Ojalá que ya mi mami pueda terminar de construir este año la casa con la plata que le estoy mandando.  Ya cuando esté lista la casa con el departamento para alquilarlo te juro ñaño que me largo de esta porquería y no voy a regresar nunca.  Extraño el Ecuador, mi familia, la comida de Guayaquil y hasta a ustedes también.  La vez pasada soñé que estábamos de nuevo en el colegio y que estábamos jugando 40 y yo les contaba de mis andanzas con Soledad, ¿te acuerdas?  Mi enamorada cuando estábamos en el Vicente, la que ustedes la rayaban de aniñada, la que estudiaba en el Mariuxi. Cuando me desperté se me querían salir las lágrimas porque habia despertado y quería volver a dormir para soñar otra vez con ustedes, con mi Ecuador tan distinto a España.

Bueno, pana, te voy a escribir después.  Perdóname por molestarte con mis pendejadas, pero es que creo que ustedes me pueden escuchar y comprender porque me conocen como nadie y siempre van a ser mis amigos.  Cuando puedas te pido de favor que le des una vuelta a mis veteranos, que se que los manes se alegran mucho cuando los ven a ustedes, anda con tu esposa para que la conozcan, mira que siempre que hablamos por teléfono me preguntan que es de tu vida.

Cuídate y cuando llegue a Ecuador espero una cangrejada.

Juan (así lo voy a llamar para proteger su identidad).

No voy a emitir comentarios al respecto, creo que la carta de mi amigo es suficiente; es más me sentí tan triste al terminar de leerla, sobre todo por tratarse de alguien a quien considero un gran amigo.  Pero si quisiera que si algún día por casualidad llegara a oídos del SPC Rafael Correa, me demuestre que siempre he estado equivocado con respecto a él y que haga algo para detener el fenómeno migratorio.  Los españoles no son malas personas, pero no hay una sociedad que registre un fenómeno migratorio masivo sin que por lo menos se les suscite un mínimo de rechazo.  Nosotros no podemos tirar la primera piedra, porque ya estamos experimentando algo similar con respecto a la migración de colombianos y peruanos al Ecuador.

Pero, por los casos como el de Juan, un joven que estudió una carrera universitaria, para luego terminar mendigando empleo en tierras ajenas, por esos casos hagamos algo.  Por eso, SPC Correa, demuéstreme que estoy equivocado, que el Gobierno si puede hacer algo y que no depende todo sólo de nuestra iniciativa; por el tema de la migración, por favor: ¡Haga algo!


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