El poder y la importancia de la decision de los ecuatorianos
Los abuelos solían decir que los jóvenes tomábamos las cosas muy a la ligera. Es probable que así sea. Es natural que la impulsividad de la juventud nos lleve a juzgar una situación a la ligera y actuar neurovegetativamente, por decir lo menos.
Pero, a medida que avanzamos en edad, la reflexividad va cediendo paso y el impulso emotivo va disminuyendo su intensidad, casi de forma proporcional.
Por eso, me pregunto que nos lleva a nosotros, los ecuatorianos a tomar decisiones viscerales, precisamente en donde debe actuar con total ingerencia la experiencia, el sentido común y la lógica.
¿Qué nos ha llevado hasta donde estamos actualmente?
¿Los malos gobiernos? ¿La mala aplicación de las políticas de Estado? ¿La inestabilidad política? ¿La influencia empobrecedora de las instituciones del Keynesianismo, dígase FMI, Banco Mundial? ¿La flojera? No.
Estamos precisamente donde merecemos como consecuencia de nuestras decisiones poco acertadas. Sí, Mahuad fue un mal Presidente – el peor – pero nosotros lo llevamos allí. Y lo mismo debe decirse de los demás Presidentes que han pisado tan brevemente los suelos de Carondelet.
Me pregunto si ahora que estamos ante la probabilidad de que se desate el fascismo disfrazado de nueva centuria, si justo ahora vamos a seguir tomando decisiones erróneas.
Me cuestiono a mi mismo y trato de encontrar un derrotero positivo en la suma de acciones, pero no lo puedo deducir con el arsenal de la lógica. Me parece que seguimos apelando a nuestra vena optimista, pretendiendo ignorar que el futuro se da en función de las decisiones que tomamos.
¿Hasta cuándo, compatriotas?
¿Cuándo vamos a dejar de sentirnos impresionados por las bambalinas y vamos a elegir adecuadamente?
Nuevamente, es cuestión de decisión. Decidimos a diario, y debemos hacerlo bien. Podemos decidir también sobre el actuar adecuadamente, sobre si pensamos en el país como una unidad, si limitamos nuestra comprensión, si decidimos votar por el cambio de nuestra realidad con base en nuestras acciones diarias, no hay nada que nuestra decisión no pueda afectar POSITIVAMENTE, si nos acostumbramos a actuar reflexivamente. Elijamos bien.




